La internacionalización en la Universidad Iberoamericana-Ciudad de México: dinámicas generales.

27 SEPTIEMBRE, 2017  / SIN COMENTARIOS / 991 VISTAS

(Última actualización: junio de 2019)
 

Entrevistada: Mtra. Sonia E. Fernández O. Titular de la Dirección de Cooperación Académica de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

soniae.fernandez@ibero.mx

Entrevistadora: Dra. Sylvie Didou. Investigadora Cinvestav y coordinadora de la Red sobre Internacionalización y Movilidades Académicas y Científicas (RIMAC), con apoyo del programa de Redes temáticas del CONACYT. La entrevista fue transcrita por Dira Plancarte, becaria de investigación del Sistema Nacional de Investigadores, CONACYT.

Junio de 2017


SF: Sonia E. Fernández O

SD: Sylvie Didou


SD: En el organigrama, la adscripción de la Dirección de Cooperación Académica (DCA) cambió recientemente, ¿por qué?

SF: Detecto cuatro momentos en la génesis de cooperación académica en la Ibero. El primero es la configuración de un área que se abocó a la realización, al desarrollo, a la planificación de actividades ligadas a la movilidad y a actividades de corte internacional. La Ibero fue fundada en 1943 y, en 1958, tenía ya sus primeros programas internacionales de verano.  Ese modelo operó prácticamente desde 1958 con algunos ajustes hasta 1968, cuando el ibero dejo de estar incorporada a la UNAM, que nos acompañó con mucha generosidad durante nuestra etapa inicial.  Tal vez, ese carácter es lo que ha llevado a la Universidad Iberoamericana a definir la educación como un bien de servicio público. En ese sentido sí somos diferentes al resto de las universidades particulares.

En la segunda etapa, el director, un jesuita, definió para qué era la movilidad estudiantil hacia afuera y hacia adentro. Comprendió que las universidades no pueden vivir su dimensión internacional si no aprovechan y propician al interior del campus un diálogo permanente entre iguales y no iguales. De allí se produjo una de las restructuras y se creó la Dirección General de Intercambio Académico, en los años ochenta. Esta área vivió una problemática que se dio en el resto de las universidades de México. Reportaba directamente a la Rectoría y tenía autonomía para hacer sus propios programas. Los convenios, al ser casi todos de corte global, eran difíciles de operar. Al ser esta Dirección General independiente de la academia, cuando mandaba convenios a equis departamento, era común escuchar que la gente del departamento decía “¿y yo para qué quiero este convenio? Yo no lo pedí. No empata con mi proyecto de desarrollo a corto, mediano y largo plazo del departamento”. Un diagnóstico que se levantó en 1995 identificó que la Dirección General, por su cuenta, tenía una noción que no necesariamente estaba apegada a las necesidades y a los planes de desarrollo de cada departamento.

Durante el siguiente rectorado (1996-2004), que fue un rectorado que podría calificarse de parteaguas, se promovió otra restructura. La dependencia dejó de ser una dirección general independiente y pasó a estar cercana a la academia. Empezó a acompañar el quehacer de la academia: el rector convocó a todos los coordinadores y directores y afirmó que todo lo que tenía que ver con relaciones hacia afuera de corte académico tenía que pasar por cooperación académica.  Durante esos años, la responsabilidad de la DCA no fue nunca directiva, fue funcional. Así, las agendas y carteras del trabajo de cooperación (movilidad estudiantil, relaciones académicas, representación de la universidad en membresías y organismos nacionales e internacionales, fondos especiales para profesores visitantes y para cooperación de nuestros académicos, convenios, difusión) quedaron cercanas a la academia. Fueron años buenos: nos permitieron trabajar de una manera sistematizada. Por eso, tenemos un registro institucional de información que se liga a bases de datos de movilidad estudiantil, otra sobre académicos y otra sobre convenios.

Casi al final del siguiente rectorado, que culminó en 2014, en varias universidades jesuitas se vio la necesidad de recuperar el sentido, la acepción de la palabra vinculación.  La UIA creó, en el intermedio del rectorado saliente y del entrante, una dirección general de vinculación universitaria para incorporar o integrar todas aquellas áreas responsables de llevar el quehacer de la universidad hacia el exterior, en clave ordenada.

SD: Antes de esa última etapa, ¿dónde estaba ubicada la DCA?

SF: Estaba ubicada en la Vicerrectoría Académica. Ahora, está en la Dirección General de Vinculación Universitaria. En lo personal, soy una convencida que la DCA debe acompañar permanentemente a la academia. Es un área que debe liberar de la burocracia interna y externa a los académicos, debe facilitarles la vida respecto de la formalización de las alianzas y vínculos internacionales.

Por tanto, el modelo de haber estado cercanos, dependientes de la vicerrectoría académica, nos permitió mucho desarrollo y gran aprendizaje en investigación, en docencia, en desarrollo, en impulso a la movilidad de todo tipo. En las universidades hay cotos y el de la vida académica es peculiar y muy celoso. Ahora estamos tratando de que toda la confianza que habíamos aquilatado en los años previos no se pierda. Por ejemplo, cuando viene un proceso de acreditación o de evaluación de un programa académico, nuestra área, además de coordinar el proceso también es proveedora de información. Eso mantiene viva ante la comunidad nuestra presencia como un área que da servicios, con calidad y premura.

SD: De la DCA, ¿dependen cuántas subdirecciones?

SF: La DCA depende de la Dirección General de Vinculación Universitaria, que depende a su vez de Rectoría. La DCA está estructurada en cinco coordinaciones. La de Acreditación y Evaluación se encarga de la evaluación de programas académicos de licenciatura, nacionales o internacionales. La de Convenios está a cargo de la formalización de los convenios de corte académico y administra el sistema institucional que documenta la historia da la ibero en materia de convenios desde los años cincuenta.  Ese es un trabajo institucional que hemos ya compartido a Ibero Tijuana y que estamos próximos a compartir con el Tecnológico Universitario del Valle de Chalco que, en 2017, se fusionó con la ibero. La intención es que si un programa es útil y su esqueleto se puede adaptar a otro esquema, a otra plataforma tecnológica, ahí está. El mandato que hemos recibido de todos los rectores es que compartamos fraternalmente nuestros hallazgos, especialmente con instituciones de la Compañía de Jesús –pero no exclusivamente. Esa es la filosofía que anima nuestro quehacer institucional.

La tercera coordinación es la de Movilidad Estudiantil, porque no nada más estamos trabajando la movilidad en los esquemas tradicionales, vía convenio; tenemos programas que organiza nuestra universidad por petición de otras instituciones para traer grupos de diez, de doce, de quince estudiantes, con profesores acompañantes o no. Estamos cuajando al interior de la Ibero proyectos para que nuestros estudiantes puedan ir en bloque, en paquete, por ejemplo a España en la maestría en administración o en la maestría de finanzas o a China, en las licenciaturas del Departamento de Estudios Empresariales.

La cuarta coordinación es la de Idiomas. Es relativamente nueva, como tal, pero sus raíces están en el centro de idiomas que anteriormente funcionaba en la dirección de educación continúa. Devino en coordinación en 2016 porque la UIA tiene un  modelo departamental y, académicamente, los departamentos son aquellos espacios de la vida universitaria con académicos de tiempo completo. Entonces el tener una coordinación de idiomas sin ser una unidad académica nos planteaba algunos aspectos singulares. En los quince o dieciséis años durante los que operó el área de idiomas en educación continua, coadyuvaba sobre todo para que los estudiantes pudieran presentar la certificación del inglés. Tenía a su cargo la enseñanza de ese idioma, pero también del español para extranjeros, del francés, alemán, italiano, portugués, y, alguna vez, del náhuatl y chino mandarín. En forma mayoritaria, lo regular siempre fue inglés y español para extranjeros porque estamos obligados por los convenios, más dos-tres cursos básicos de alemán.

Desde el año pasado, nos dedicamos a que la Coordinación de idiomas construya alianzas. La enseñanza del inglés está encomendada al Consejo Británico: ha capacitado un grupo base de trece o catorce profesores en sus estándares. El estudiante no necesariamente requiere la certificación del Consejo Británico, puede traer la del TOEFL y otras instancias validadas para este propósito. Para el alemán, la alianza fue con el Instituto Goethe: revisó nuestro programa, permitió que usáramos sus textos y su propio modelo y ha dado capacitación gratuita por invitación a nuestros profesores. Nuestros estudiantes (entre cuatro y seis grupos) al terminar el máximo nivel que aquí impartimos, pueden seguir estudiando en el Goethe en condiciones especiales por ser de la Ibero.  Para el francés, el Instituto Francés de América Latina (IFAL) realizó un diagnóstico: de nuestros seis profesores originales nos quedamos con cuatro; dos de ellos están en capacitación para que alcancen el estándar requerido. El IFAL nos ha otorgado el Label Excellence IFAL, en reconocimiento de que nuestra universidad tiene la excelencia que ellos promueven. Para el italiano, la alianza con el Istituto Italiano di Cultura fue muy afortunada; ellos nos permitieron usar su modelo, sus textos y proveen capacitación gratuita a nuestros profesores, por invitación.

Cierro con el español para extranjeros porque es un caso peculiar. Alcanzamos la mejor alianza posible con el CEPE de la UNAM: con más de ochenta años de enseñanza del español, tiene el mejor modelo en América Latina. Es totalmente competitivo. Enseña un español global. A mí me parece que esa alianza vuelve a poner de manifiesto esa complicidad, ese acompañamiento, esa cercanía entre la UNAM y la Ibero.

Es de señalar que en 2016 la universidad acometió la primera edición de un programa de entrenamiento certificado para impulsar, animar, promover que todos los profesores que hablan ya inglés puedan impartir cursos regulares en ese idioma. Ofrecemos el programa Academic Teaching Excellence, del Consejo Británico, para que trajeran a dos especialistas. Se dio entrenamiento a 30 profesores con beca de rectoría y comenzamos el semestre de otoño con 17 cursos regulares en inglés. Al llegar a la primavera 2017, ofrecimos 39 cursos regulares en inglés. Ahora, acabamos de culminar la segunda edición de este curso con 19 profesores. Nuestra apuesta es dar 60 cursos o más en el otoño.

Eso permitirá que los estudiantes se animen y, más pronto que después, entreguen la certificación de inglés para que eso no sea obstáculo cuando quieran graduarse. Permitirá ofrecer a nuestras instituciones socias del extranjero un número consistentemente fiable para que ellos puedan mandar a estudiantes no sólo a cursar materias regulares en español sino también en inglés. Permitirá que los veranos internacionales en la universidad sean más fáciles de realizar. Por acuerdo de la vicerrectoría académica, la Ibero da un estímulo, un porcentaje adicional, por hora, a aquellos profesores que imparten clases en inglés. Esas iniciativas nos  preparan para cuando, a finales del 2018, tengamos cambio de planes de estudio. El nuevo plan buscará incluir la enseñanza de lengua extranjera como curricular. Para entonces, tendremos profesores suficientes para que coadyuven impartiendo las materias en inglés.

La última de las coordinaciones es la de Relaciones Académicas. Lleva el programa institucional de membresías. Actualmente, la Ibero forma parte de más de 130 organismos nacionales e internacionales, desde los globales como la International Organization of Universities, la Federación Internacional de Universidades Católicas, la Unión de Universidades de América Latina, la ANUIES o la Organización Universitaria Interamericana. Estamos en ocho de las asociaciones grandes que involucran a la universidad en su dinámica universitaria completa y en otras de menor impacto pero igualmente importantes que apoyan la cooperación académica como el CONAHEC. Somos socios de unos 120 organismos profesionales, indispensables para mantener actualizado el conocimiento en ramas profesionales como ingeniería, química, arquitectura, biblioteca, etc. La Ibero dispone de un fondo anual para pagar las afiliaciones a estos organismos. Esta coordinación sabe qué académico participa y quién está formando parte del consejo directivo o del comité académico, en cada organización. Este programa se liga con el Programa Institucional de Apoyos para la Actualización Académica ya que los académicos que participan en estas membresías también se reúnen con sus pares para presentar avances de investigaciones y ponencias.

Muchos de nuestros académicos van a congresos internacionales, dependiendo de las temáticas, algunos por invitación y otros porque es el momento para actualizarse. La Ibero considera que las membresías son espacios privilegiados para poner en sintonía a los académicos y permitirles mantenerse en permanente actualidad. Así, nuestros profesores se encuentran con sus colegas en los Estados Unidos, en Japón o en Sudamérica, muchos de ellos invitados por otras asociaciones, aunque no sean miembros.

Los académicos, cuando regresan de una estancia, aparte de entregar los comprobantes financieros, entregan un reporte de actividades para hacer fácil el seguimiento.  Ahora mismo se está construyendo un sistema institucional, para informar a los departamentos académicos cómo andan en cada membresía. Como nosotros administramos el sistema de ese presupuesto, tenemos posibilidad de informar sobre los gastos en cada membresía, y también, con el programa que se construye, podemos dar reportes de quién ha participado, cuándo, cómo, etc.

Otro programa institucional que gestiona esta Coordinación es el de académicos visitantes. La Ibero le destina un fondo cada año. No se asigna lo mismo a todos los departamentos: los que tienen más programas de posgrado tienen más puntaje. La intención es que nadie se quede sin la posibilidad de traer a académicos visitantes. Luego, cada departamento estira su presupuesto. El programa permite traer entre 120 y 160 académicos cada año; hay que agregar que es mayor el número de profesores visitantes que vienen fuera de este programa (a veces alcanza 300), porque las relaciones de los investigadores y profesores, así como el historial de relaciones aquilatado por la Ibero nos permite otras oportunidades.

Nos damos cuenta de esta información, porque la DCA apoya los departamentos que traen profesores aunque no sea vía el programa institucional, dado que manejamos convenios con hoteles y agencias de viajes: entre enero y mayo 2017, se apoyó unas 400 solicitudes de académicos visitantes. ¿Cuántos de ellos vinieron efectivamente? Una vez que los departamentos comiencen a publicar información, lo documentaremos.

La DCA lleva además dos responsabilidades adicionales a la institucional. Ha ejercido en los últimos cuatro años el secretariado técnico del Consejo Regional del Área Metropolitana (CRAM) de la ANUIES. Fue la primera vez que una universidad particular preside el CRAM y estamos por entregar ya la estafeta a finales de octubre.

En la Asociación de Universidades Confiadas a la Compañía de Jesús en América Latina (AUSJAL), compuesta por 31 instituciones, la DCA es el enlace; en esa responsabilidad se entera y da seguimiento a redes y grupos de trabajo en curso y da respuesta a lo que va surgiendo. El Enlace es el encargado institucional por parte de la Ibero y está en contacto permanente con el Rector para informarle del estado que guarda esta representación.

SD: En AUSJAL ¿están participando ustedes en dos proyectos que tienen que ver con internacionalización?

SF: AUSJAL es un organismo que se reforma en el año 2000, gracias a un fondo que otorgó la Fundación Avina, con el que se pudo por primera vez planear estratégicamente el trabajo de la Asociación. Se constituyó una secretaría ejecutiva asentada de origen en la Universidad Rafael Landívar en Guatemala. Después del fallecimiento del Dr. Xavier Gorostiaga, su Secretario Ejecutivo, migró a la Universidad Católica Andrés Bello, en Venezuela.

La AUSJAL tiene un mínimo staff de tres personas pero ha usado intensamente redes y foros virtuales. Cada mes, se trabaja en los asuntos centrales de la agenda social de la Compañía de Jesús; hay redes en los siguientes ámbitos: desigualdad y pobreza, ambiente y sustentabilidad, educación, pastoral, comunicación y democracia, eduTIC, responsabilidad social, cooperación académica y relaciones interinstitucionales, editoriales universitarias, posgrado, además del de Enlaces. Tiene además proyectos a nivel consorcial (Bibliotecas) para hacer una compra colectiva de bases de datos internacionales y beneficiar a las 31 instituciones, independientemente de su tamaño y perfil. La visión en AUSJAL es de cooperación académica sur-sur.

Nuestra concepción es el trabajo cooperativo: lo que quiere decir que la idea de uno acaba convertida en patrimonio de todos y así, realizamos nuestro trabajo. Nuestra universidad participa en doce de trece grupos. Los proyectos P-16 y P17 tienen que ver con Cooperación Académica. El  P17 está llamado a ser el proyecto más importante por su pertinencia social para las universidades de la Compañía  de Jesús en América Latina. Si bien tiene como propósito la “internacionalización de los posgrados”, nos lleva a impulsar conjuntamente la configuración de programas regionales alimentados por académicos de las distintas instituciones. Eso por racionalización de recursos. En ese marco, las instituciones con más experiencia han transferido o están por hacerlo, algunos de sus programas académicos de posgrado de mayor calidad a otras para que los adopten como propios, los adapten a su realidad y luego, por petición y si hay posibilidades, que se muevan los profesores de un sitio a otro.

SD: ¿Eso es lo que pasó cuando la ibero transfirió el Doctorado en Educación?

SF: Estamos en la fase intermedia de ese proceso y en 2018, las tres universidades centroamericanas tendrán su doctorado interregional. Ya realizamos dos seminarios de formación de los coordinadores y/o directores que estarán a cargo y ellos están en la etapa de adaptación y de detección de los tutores por temas. Un grupo de profesores de la Ibero Ciudad de México, de la Ibero Puebla, de la Ibero León, del ITESO y de universidades de Brasil alimentarán la plantilla docente de ese programa en Centroamérica.

La Ibero ha transferido hasta ahora otros dos posgrados: la maestría en Gestión e Innovación del Diseño a la Rafael Landívar de Guatemala, a la Católica del Ecuador y a la Centroamericana de Nicaragua, y la especialidad en Obesidad y Comorbilidades a esta última institución. Este programa es muy fuerte, está en el PNPC. Representa un mecanismo pertinente a nivel social para resolver un problema que ya no es nacional sino compartido con otros países. Adicionalmente, coadyuvamos con la Rafael Landívar a configurar el programa de Arquitectura Verde: es un modelo de ellos y nuestro departamento de arquitectura sugirió modificaciones. Les ayudamos también a construir una especialidad en Comunicación Multimedia. Además próximos a transferir el posgrado de Ingeniería de Calidad. Trabajamos con profesores visitantes nuestros en programas de la Rafael Landívar en áreas como: Gestión del Talento Humano, Gestión de Patrimonio Cultural, programas semipresenciales y online que están ligados a Ingeniería Industrial, Ingeniería Civil. Cada semestre, tres o cuatro profesores nuestros van allá. No podemos desprendernos de ellos mucho tiempo, pero, sí, los enviamos una semana súper intensiva: comienza con un video-conferencia aquí, para darles el plan del curso, luego van y trabajan intensivamente una semana presencial con estudiantes y al regreso continúan en línea. Esos programas son propios de las universidades y los dan de alta ante su respectivo ministerio de educación, si procede.

Con la Javeriana de Bogotá, en el campo de arte y de historia, compartimos la Cátedra Michel de Certeau, iniciativa entre nuestro departamento de historia y su facultad de ciencias sociales. Un año tiene lugar aquí, al año siguiente en Colombia. La institución que organiza se encarga de los costos. Las videoconferencias y telecomunicaciones nos ayudan para estar en los dos sitios a la vez. Eso es respecto al P17. Para mí, nos encaminamos hacia la configuración conjunta, planificada, de programas pertinentes para solventar problemas regionales, alimentados por académicos e investigadores de varias instituciones, con un foco muy nuestro, muy latinoamericano pero del más alto nivel.

El otro programa es el P16. Se trata de un Sistema de Acompañamiento de la Cooperación Académica en AUSJAL (SACIA por su acrónimo). En ese marco, configuramos un sistema radicado en el servidor de la Rafael Landívar, que co-coordina el programa junto con la Católica de Córdoba. Un primer módulo documenta la movilidad estudiantil entre las universidades jesuitas de América Latina, luego entre éstas y las jesuitas de los Estados Unidos y, luego, con las del resto del mundo.

Por la plataforma y diseño, es complejo capturar información. Está habilitado para en automático generar estadísticas. Dada la complejidad ahora está en revisión para modificar lo necesario a fin de agilizar el registro. Será hasta después de la respuesta tecnológica de mejora, que podremos avanzar en otros módulos previstos, como: currículos de profesores para estimular la movilidad, alertas tempranas de convocatorias de cooperación, oferta académica de las universidades, etc.

Quiero cerrar esa parte explicando cómo manejamos financieramente los convenios de transferencia de programas. La Ibero no cobra por transferir el programa a instituciones AUSJAL. Garantizamos su calidad, exigiendo que el grupo que lo reciba sí tenga dos o tres estancias previas con nosotros, para conocer de primera mano la dinámica de operación, en servicios escolares y en el claustro de profesores; tales estancias son pagadas por la universidad receptora del programa. Luego, los acompañamos un tiempo. Si adicionalmente se trasladan nuestros profesores como visitantes, la institución huésped paga su boleto, se hace cargo del hospedaje y alimentación y nosotros seguimos pagando su salario.

Desde mi punto de vista, lo más rescatable, es que, siguiendo una expresión de quien fue muchos años presidente de AUSJAL, el padre Ugalde, jesuita, esas acciones nos ayudan a “llegar a construir una única universidad latinoamericana, que se expresa con acentos diferentes según el país”. Porque la visión de la universidad es la misma y nada más se adecua a la región, a problemáticas que, además, son compartidas en muchos casos.

En los grupos de homólogos, hemos aprendido a mirarnos todos como amigos; es tan gratificante que podemos reunirnos cada dos años como si fuera ayer. Somos capaces de pensar profesionalmente el asunto que tenemos entre manos y al mismo tiempo con un espíritu de generosidad. Aprendemos unos de otros y eso lo queremos extrapolar a otras regiones de la Compañía de Jesús: próximamente, tendremos el lanzamiento de la red global de Universidades de la Compañía de Jesús.


Entrevista disponible en PDF: Entrevista-SylvieDidou-SoniaHernadez